En un momento donde Venezuela necesita con urgencia reconstruir su conectividad y atraer capitales, algunos gobiernos locales parecen haber confundido la gestión pública con un ejercicio de extracción minera. La lógica es simple pero devastadora: ante la falta de presupuesto, se busca el “dinero fácil” asfixiando a sectores estratégicos, sin entender que cada dólar extraído por la fuerza es un clavo más en el ataúd de la inversión.

La industria aeronáutica y el sector tecnológico son los blancos favoritos de esta miopía. La pretensión de ciertos municipios de cobrar impuestos sobre ventas realizadas en el exterior, bajo argumentos de territorialidad creativa, no solo es una aberración jurídica; es un sabotaje directo a la recuperación económica nacional.

La aritmética del retroceso.

Para los entusiastas de la recaudación a toda costa, los números suelen ser incómodos. El análisis económico demuestra que en sectores de alto impacto, la relación es de 1 a 3.5. Esto significa que por cada 100 dólares que una alcaldía decide cobrar de forma voraz, el país pierde 350 dólares en beneficios indirectos: turismo que no llega, logística que se encarece y una confianza país que se evapora.Lo mismo ocurre con el empleo.

El transporte y la tecnología tienen un efecto multiplicador: por cada puesto de trabajo que desaparece en una empresa asfixiada por tasas municipales, se pierden al menos 6 empleos indirectos en el resto de la economía. Es un canje absurdo: pan para hoy (y para la foto oficial) y hambre para mañana.

Opacidad: Presupuestos de fachada y gatos tuertos.

El problema no es solo cuánto se cobra, sino en qué se gasta. Mientras el sector productivo hace malabares para pagar nóminas, en muchas alcaldías el presupuesto es una caja negra. No existen auditorías serias del Concejo Municipal ni transparencia en las partidas que financian excentricidades de moda, como esos perritos robots que sirven para videos de redes sociales pero no tapan un hueco. Perdón. Si. Eso sí hacen… Pero primero la foto. Ya no se sabe que es lo principal y qué lo accesorio, la propaganda, el vídeo o la foto, perdón nuevamente, la publicidad, o tapar el hueco, o lo que sea.

Ya hemos visto este guion antes. Se destinan sumas cuantiosas —y de origen desconocido— a proyectos efímeros. Un ejemplo clásico son los famosos “ojos de gato” (reflectores viales) que inundaron las avenidas a un costo que nadie nunca supo. Hoy, la gran mayoría han desaparecido o están inservibles; la inversión se esfumó, los gatos quedaron tuertos y el ciudadano sigue a oscuras, o no deslumbrados, porque eran tantos, ojos y dinero, que realmente desnaturalizaron su función, aunque más recientemente las super vallas led están haciendo una buena labor, deslumbrando.

¿Incentivos o caprichos?

Gobernar con seriedad implica entender que el municipio es el primer eslabón del desarrollo, no una aduana interna dedicada al saqueo legal de las empresas. La modernidad no se compra en una tienda de gadgets tecnológicos; se construye ofreciendo seguridad jurídica, transparencia y, sobre todo, una carga fiscal que permita a los negocios respirar y crecer.

Venezuela no va a despegar mientras existan autoridades locales que vean un avión y solo piensen en cuánto le pueden sacar al boleto para pagar su próxima ocurrencia mediática.

¿A usted también le suena conocida esta historia? ¿Vive en un municipio donde los presupuestos son un misterio pero los robots y las luces sobran? Cuéntenos si en su zona también “los gatos quedaron tuertos” mientras la alcaldía sigue buscando qué más cobrar..

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